Era una mañana fría, no hacía mucho sol pero el clima era
agradable. Me dirigía al centro de la ciudad. Al caminar
observaba como la gente corría a sus compromisos, los niños a sus
escuelas, los puestos ambulantes comenzaban a abrir. Seguí mi
camino hacia el café-bar. Que siempre estaba acostumbrado a ir.
Al tomar asiento pedí el menú para ver que me ofrecían. De
momento me distraje y me desconecte de la realidad. Una voz
tierna me preguntó:
-¿Qué desea tomar?- Al verle su cara para hacer mi pedido, vi que
era muy linda, aproximadamente unos 20 años. Me quedé corto de
palabras y le conteste:
-Hola, quiero un café por favor,- Cuando volvió con mi orden me
sonrió de tal manera que me sentí algo apenado. Al retirarme del
café-bar sólo pensaba en ella. Una y otra vez en su linda voz y
su mirada alegre. A pesar de este episodio tan breve, paso por un
momento en mi cabeza si la volvería a ver. Pasaron los días y ni
aun así dejé de pensar en ella. Eran muy pocas las veces que la
veía, pero esas ocasiones las miradas de ambos se cruzaban
siempre tratando de dar un mensaje, un aviso o un sentimiento. No
sabía si aquella joven sentía lo mismo que yo: amor que nació y
que fue creciendo poco a poco. Cierto día en el que me encontraba
por el parque, me tope con la muchacha, esta vez se veía más
alegre. Se dirigió hacia a mí y me dijo:
-hola, te he estado buscando: es que la última vez que fuiste al
café olvidaste tu libro- Apenado le respondí: -gracias y disculpa
por las molestias que te causé.- -No te preocupes, me contesto
con risueño. Con el tiempo nos empezamos a conocer. Cada vez
sentía yo que aquel sentimiento crecía y crecía. Tuve que salir
de la ciudad. Estuve fuera tres años. En donde todo ese tiempo
pensaba en ella, su linda voz, su personalidad. Las cartas que le
mandaba no tuvieron respuesta así que por un tiempo me resigné.
Al llegar a mi ciudad lo primero que hice fue ir a buscarla, más
no me daban razón de ella. Cuando creí que ya había perdido todo,
a lo lejos pude distinguir aquella muchacha. Se veía diferente,
la dicha que tenía desapareció, su belleza que la caracterizaba
se estaba marchitando poco a poco. Me acerqué y le dije: -Hola,
¿como estás?- Ella, con la poca alegría que tenía me contesto:
-hola, pensé que ya no volverías.- Hablamos sobre lo que paso en
todo este tiempo. Yo sentía que algo me ocultaba; trataba de
saber más pero ella me lo impedía. Después de un mes estaba en mi
trabajo. Al ver en el periódico encontré en el obituario su foto
y su nombre. Al leer quede impactado; sentía como si me cayera
una jarra de agua fría.
Me aislé por un tiempo del trabajo, mis amigos en fin, de todo;
las ganas de vivir se me habían ido. Cuando todo estaba perdido
llamaron a mi puerta. Bajé y al abrir. Al ver al cartero me dijo:
-Esta carta hace un mes que se la enviaron pero como no se
encontraba aquí no se la pude entregar.
-Muchas gracias-. Extrañado por esto comencé a ver el sobre: no
decía nada, no tenía la información que debería llevar una carta.
La abrí, tome asiento y comencé a leerla…
Hola, espero que estés bien. Yo ya no estoy aquí. ¿Sabes? es
gracioso como suceden las cosas en esta vida. Desde que te vi por
primera vez tuve una sensación que nunca había experimentado
antes, sentí mariposas en mi estómago y siempre quería verte,
cuando olvidaste tu libro me emocioné porque sabía que tenía que
volver a verte. Te quería decir lo que sentía por ti pero tuve
miedo y mejor me calle. Fue estúpido no decírtelo. Pero
desafortunadamente te fuiste: te busqué y preguntaba por ti pero
nadie me decía con exactitud en donde te encontrabas, nunca me
resigné y espere a que volvieras. Lamentablemente enfermé: los
doctores me detectaron leucemia. Todo mi mundo se vino abajo.
No sabía qué hacer; lo único que quería era verte y estar
contigo, soñaba con el momento en que volverías pero me di cuenta
de que ya no regresarías y seguí con la poca vida que me quedaba.
El tiempo pasó. Cada vez estaba más triste y débil, sabía que mi
hora estaba por llegar. Cuando te vi en el centro aquella vez, sé
que notaste mucha diferencia en mí así que no te dije nada. Lo
último que puedo decirte es que realmente te quise. Que desde
aquella vez en que te conocí me enamore de ti, no quiero que te
culpes por lo que sucedió, ambos fuimos tontos. Sólo quiero que
me prometas algo y quiero que seas feliz: siempre sonríe y
demuéstrale a una persona que quieres lo que sientes, no calles y
no cometas lo mismo que sucedió entre ambos porque yo sé que tú
me quisiste y siempre lo sabré porque me llevaras en tu corazón y
mente.
Con amor: Susana
Al terminar de leer lloré y lloré como nunca lo había hecho. Me
comprometí a cumplir la petición de Susana: no volver a cometer
el mismo error.